"No te juzgo"
No te juzgo, a mi me enseñaron a amar estando, pero gritando; a ti, despreciando, pero cediendo. No te juzgo, a mi me enseñaron a dar para valer; en cambio, a ti, a quitar para entender. No te juzgo, a mi me ensañaron a ser menos para pertenecer; y a ti, a destrozar para proteger. No te juzgo, ahora entiendo. Ninguno estaba mal, ninguno estaba bien; simplemente estábamos incompletos en las cosas, y cómo las teníamos que ver. Fuimos la tormenta perfecta, en una ciudad pequeña. Por más bonita que fuera por fuera, por dentro no tenía lo necesario para sobrevivir esa tormenta. No se puede probar un extremo, sentado muy cómodo desde el otro lado, que también es un opuesto. Es el balance lo que nos lleva a entender lo qué hay dentro. Ya no te juzgo hoy, pero más que nada, ya no me juzgo yo. Al final, éramos dos personas que habían aprendido a vivir desde lados opuesto. Mientras uno encontraba su valor en quitar; en el otro, su valor consistía en dar. Mientras uno amaba sin medida; el otro temía dar por cualquier comida. Mientras uno vivía por si solo, el otro vivía por la vida, y sin darse cuenta, nunca coincidían. El problema no eran los extremos, el problema era nunca encontrar un día donde vivir consistiera en ambos lados para vivir la vida. Al final, no nos juzgo, ni por quiénes somos, ni por quiénes fuimos; porque al final, probar los extremos, fue lo que me dio la capacidad de ser, en un mundo más neutro.

